lunes, 25 de noviembre de 2013

El detective privado ante las infidelidades

La infelidades y el detective privado, tópicos y típicos

Los tópicos sobre el detective privado aún le sitúan, las mentes más rancias, con la vela debajo de alguna cama donde se consuma el antiguo delito de adulterio. Era aquel testigo ‘huelebraguetas’ que fastidiaba la fiesta de pelillos a la mar.


Se creía que el investigador privado español apenas operaba casos de infidelidad, seguir los pasos de hijos difíciles o desvelar intrigas vecinales o de herederos. Todo esto es ya historia aunque una minoría alardee impropiamente de ‘prevenir el delito’ para justificar persecuciones de hábitos socialmente superados como escandalosos.

Cierto es que la infidelidad, la deslealtad,  es una tendencia conductual en algunas personas. No nos referimos a mujeriegos compulsivos o ninfómanas. Hay personas que las hormonas quizá le fomenten una vocación por lo prohibido o resistirse relativamente a la tentación.

La liberalización de nuestras relaciones sociales ha hecho mucho para que se incrementaran los divorcios, se posibiliten relaciones íntimas entre personas ya emparejadas o simplemente se de rienda suelta a pulsiones sexuales que tendrían consecuencias complejas en el ámbito del matrimonio o pareja de hecho.

La infidelidad no es patrimonio de faldas o pantalones. En ámbitos laborales se multiplican. Los bajos sueldos, ansias de prosperar o ser infiel per se ante el empleador tienen algo que ver. Ya nadie piensa en trabaos vitalicios en la misma empresa o pasársela de burócrata toda la vida laboral sin escapar de la rutina o de jefes quizá ‘colocados’ por exclusivas razones digitales.

La infidelidad tiene pautas, protocolos, técnicas. En el lecho de pareja hay frialdad. Se incrementan los reproches sobre realidades no los generaban. Salidas extrañas, tardanzas con raras excusas, fines de semana ‘de trabajo’ o viajes de difícil explicación podría representar el escenario propio del infiel.

Las comunicaciones compulsivas por el móvil, usar varias terminales, o esconderse tras recibir ciertos mensajes es sospechoso. No soltar el móvil para nada, apagarlo a ciertas horas o cambiar las claves con frecuencia suele sonar raro.

Las peleas de la pareja ante las evidencias de infidelidad sin pruebas enrarecen el ambiente aunque levantan alertas a quien practica la infidelidad. La víctima da pistas.

La infidelidad en sí causa más males que beneficios
Suele concluir con el fin de la pareja, tarde o temprano. Perdonar es sano, pero jamás se olvida. Si el infiel es hombre suele aceptar sus travesuras, algo más complejo en la mujer pillada. Raramente reconoce una verdad. Y algunas veces ésta canta por peteneras. Al infiel cazado se le derrumban todas las excusas, mentiras y trucos que le funcionaron hasta que algún detective tira de su trabajo.

En temas laborales la infidelidad es más complicada. Perder el trabajo es la amenaza en unos momentos donde del desempleo es difícil salir a no ser que se opte por convertirse en autónomo.

La infidelidad genera casos al detective pero ni se investiga como años atrás, con la única arma de la clásica y comprometedora vigilancia, ni quienes la practican se someten a unas pautas predeterminadas.

Queremos pensar que ser infiel compensa relativamente. El único activo que deja es contar aventuras de hombre o mujer que ha probado más de lo común. Quien recibe este mensaje piensa de inmediato que el infiel no es de fiar. Si es descubierta hay conflicto asegurado. Muchos detectives privados dejaron de investigarlas porque no ayudan a sus clientes descubriendo verdades sólo. Crean, los informes o pruebas del detective, un grave problema en la familia, amigos o parejas. Además, acabarán fragmentándose en bandos y entraña una traición raramente perdonable para la parte ofendida.

Nadie apuesta, ni cree, en una relación sentimental vitalicia entre dos personas. Pero si hay otros horizontes o presentes afectivos es mejor hablarlo para evitar traumas y problemas.  La infidelidad la asocia un detective más con la lágrima que con el gozo temporal.


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