sábado, 25 de enero de 2014

Mitos y realidades del trabajo del detective privado

Cómo nos presenta la ficción al investigador privado y la realidad.... cosas bien distintas


Lo que se piensa del detective privado de inmediato se une a la pantalla grande o pequeña del cine o televisión o bien en hojas de libros donde desfilan tipos solitarios, minuciosos y preguntones que buscan una verdad escurridiza. La ficción del detective tiene países, culturas, personajes y hasta modos de resolver casos.

Los que vislumbramos del frío escandinavo investigan casos complejos de mentes retorcidas. En los pagos californianos el detective se pasea entre palmeras por mansiones donde interroga sobre dineros, y tramas. En España el detective del celuloide o novela son casos de sangre, poder y corruptos los que olfatean sabuesos que poco tienen que ver con sus colegas británicos o los que salen del ‘noire’ francés’, ‘giallo’ italiano o ‘krimi’ alemán.

Las ficciones de las que hablamos nos presentan a un detective privado pegado a la realidad y la sociedad en el peor de los contextos. El detective de cine o papel pivota sobre un personaje que solventa casos imposibles para la policía tamizada por el poder al que representa y sirve. Leemos o visualizamos más servidores públicos corruptos que investigadores vendidos al cliente privado que le paga la minuta dependiendo de lo que averigüe.

El balance entre realidad y ficción del detective privado se inclina a favor de la hipoteca del mito.

Sea como sea un detective terrenal, de carne y hueso, su interlocutor lo imagina reportado a casos del cine o literatura. Ese lastre lo lleva como puede el sabueso que intenta ayudar a su cliente con su mejor hacer, con la forma de llegar hasta la verdad.

Llegados a este punto debemos añadir que el detective real resuelve casos a favor de pactos, defensas o acusaciones o simplemente para suministrar el dato que el cliente precisa. Cobrar honorarios no significa vender informes si pensamos de entrada en la parcialidad del investigador privado profesional.

Por estas razones el detective con el que podemos hablar de cómo superar problemas o referirle sospechas es alguien útil, rentable y con el que no se debe perder un tiempo que es precioso para todos.

¿Nos fiamos del detective privado?

Esta pregunta parece innecesaria si hablamos del sabueso de la ficción. Son tipos de fiar, honestos y que se naturalizan con sus fuentes e interlocutores. En la realidad no tiene por qué ser así.

La fiabilidad de detective privado depende de su experiencia, contactos y profesionalidad. 

No es baladí ser un buen detective por azar. Para merecer la confianza no se puede defraudar. Esto es sagrado para el que se considere profesional. El cliente del detective no sólo paga el trabajo del mismo, también transfiere datos reservados y endosa una confianza que debe ser respondida con absoluta lealtad.

De esa fidelidad meridiana escribió Ortega y Gasset que es ‘la distancia más corta entre dos corazones’. El inolvidable filósofo adivina lo que palpita en cualquier profesional que se precie de ello.

Las distancias entre realidad y mito aplicadas al detective privado son cortas según vemos. Pero muy largas si no se saben recorrer. 


No se puede negar que algunos que conocen al detective en realidad se decepcionan, y no es culpa del humano al que preguntan. Es el pago de una hipoteca que nadie sabe dónde se firmó ni quién la paga. Lo penoso es que demasiados investigadores privados de carne y hueso hagan caja con el mito para destapar su mediocridad, complejos o la urgencia de psicoterapia.

Los buenos detectives privados, y no es palabrería, debe respetar el mito que se le asocia. Pero sólo eso. Todo lo demás es camino directo al ridículo. Y para tales empeños hay muchos, bastantes, candidatos.    

 
 


|
|

jueves, 23 de enero de 2014

Los detectives privados investigan las herencias....

Repartir la herencia es el punto de desencuentro, el detective privado entra en juego....


El concepto clásico y tradicional de la familia española se ha modificado en las últimas décadas. Aquellas celebraciones (bodas, bautizos, comuniones, cumpleaños) o apoyos en momentos bajos (funerales y visitas a enfermos) no son tan unánimes como antaño. El núcleo padres-hijos centra ahora, y limitadamente, la familia. Antes entraban en ese saco cuñados, tíos, primos, suegros, íntimos y hasta algún vecino constante en lealtades. ¡Qué tiempos!

Image courtesy of imagerymajestic / FreeDigitalPhotos.net


El fenómeno del divorcio (en España se separa o divorcia una de cada tres parejas o matrimonio) y los bandos que genera en cualquier familia ha roto las familias en su seno. El dúo padres-hijos lo sufre por su esencia. Nuevas parejas, hermanos e hijos con distintos padres y madres hacen difícil aquellas celebraciones que ahora nos parecen imposibles.

La ausencia de un ser querido en la médula familiar causa estragos por la parte emotiva o felicidad para quienes ansiaban esa carencia humana. Repartir la herencia es el punto de desencuentro.

Distribuir lo que no se suda trabajando, interpretar testamentos o airear demonios ocultos tiene doctores y expertos.


Las herencias basculan sobre la guerra que le sucede. La batalla es todo por la pasta cuando la hay. Las escaramuzas más cruentas, no obstante, se centran en alhajas, cuadros, cerámicas, muebles o lo que sea menester para atizar.

Los detectives privados oyen historias de herencias conflictivas con atención. 


El firmante cree que junto a peleas vecinales, accidentes viales y divorcios contenciosos son los que causan mayores polémicas y griterío auditivo o por escrito.

Las herencias que investigan los detectives privados acaban pactándose porque alguien que se pasa de listo, codicioso o de labia acaba siendo desvelado.

Las investigaciones siempre tienen los mismos mimbres: patrimonio oculto a parte de los herederos, apropiación de fondos, efectivos o bienes tangibles echándole la culpa a ladrones ficticios o terceros ilocalizables, facturas o escritos dudosos, ilegibles o falsos.

Los informes tienen los mismos protagonistas. El hijo, pareja, sobrino o vecino que está cerca del fallecido. Los que llegan horas o días antes del óbito. Finalmente, encontramos ante incrédulos que se conocen en el notario, por lo general los mejores clientes del investigador privado.

Estos últimos alucinan generalmente con los que leen sus ojos y no le cuadran ciertos documentos (relativos a balances bancarios y masa patrimonial) que ante el notario parecen más creíbles. A los fedatarios se suele llevar todo ‘cocinado’ por los más inteligentes de la familia, que suelen no estar lejos de algún abogado.
Las herencia ‘de campo’, es decir, las que se reparten fuera de notaría nacen con trampas. El botín ha sido repartido por los piratas de turno a priori. Al menos lo más valioso y más discreto de hacer desaparecer.

El detective privado es contratado muchas veces para localizar bienes ‘desaparecidos’ en conflictos derivados de herencia. 

Los más versados en el apropiarse de lo ajeno suelen practicar el desvío del foco. Lo explicamos: crean un conflicto nimio durante meses. Atizan polémicas, agravios, rencores y odios silentes. Cuado la guerra está en su fragor ellos tranquilamente disfrutan de una impunidad que les regala el tiempo perdido por los demás. Inventar ruinas es un clásico. O ‘contratar enfermeras’ si el fallecido estuvo meses en cama preciso de ayuda y cuidados.

Los detectives privados en temas de herencias acaban integrando la parte de la familia rota. Esa que jamás saludará por la calle, ni abrazará en ningún evento donde coincidan ex familiares. Qué pena!. Con lo bien que empezamos.          

 


|
|

martes, 21 de enero de 2014

¿El detective privado como espía...?

Los últimos tiempos presentan al detective privado asociado al concepto de ‘espía’.

Noticias periodísticas, libros, reportajes en radio y TV nos hacen creer, dentro del mito fílmico-literario, que el binomio detective privado-espía es algo que no se puede disociar. Parecen pareja perfecta.  


Image courtesy of Stuart Miles / FreeDigitalPhotos.net
Del orbe anglosajón nos viene el modelo del espía contemporáneo. Las grandes guerras, intrigas de palacio, despacho del poder siempre se condimentan con algún discreto personaje bien contactado, con habilidades sociales, culto y políglota que hace preguntas u oye lo que le piden. Los espías son muy útiles para el estado o gobierno al que sirven.

No pueden imaginarse algunos desenlaces bélicos, pactos internacionales, movimientos de mercado o decisiones políticas sin el concurso de una buena información de la parte más oscura, la que se creía desatendida en cuanto a sus movimientos, actores e intereses que la sustancian.

Los espías están concentrados en cúpulas del poder con hilo directo en el proceso de toma de decisiones. Diseminados en escalas, operativas y analistas, se surten de las tecnologías para completar su tarea de análisis y obtención de datos. Los intereses a los que sirven les superan porque son permanentes e inamovibles: el estado manda. Otra cosa es que el factor humano encarne al gobierno, castas o lobbys cercanos al poder derive al espía hacia terrenos más pantanosos.

Hasta aquí podemos entender que los espías tengan las normas como referencia. Se sospecha que para colmatar el servicio al estado no siempre se respetan las leyes que nos alcanzan a todos. Dentro y fuera del territorio al que sirven los espías no siempre se reconocen como tales. Las misiones clandestinas lo son sencillamente porque jamás se admiten. En España el CNI (Centro Nacional de Inteligencia) está ‘controlado’ por un magistrado del Supremo y supervisado por el Ministerio de Presidencia al que se adscribe. Si pensamos que se hace algo atípico no se comunicará a nadie que deba saberlo. Fuera de España, por ejemplo, a los agentes del CNI que no se quieran reconocer como tales jamás se les da cobertura diplomática que sí tienen sus colegas bajo cargos consulares de inconcretas tareas.

Dejando claro qué es un espía; al entender popular el ‘detective privado’ es muy diferente. 

Empecemos reconociendo que es un profesional libre que no ampara ningún organismo. La licencia que otorga el Ministerio del Interior sólo da derecho a ser multado más allá, y por mucho más, que cualquier infractor de normas administrativas. El detective privado basa su credibilidad en las fuentes que use y las comprobaciones que haga de lo que informe de su objetivo.

  • La profesionalidad no es pareja a la autorización administrativa. 
  • Tener licencia no es garantía de dogma. 
  • La verdad se documenta y trabaja, la suerte investigadora hay que buscarla. 
Para entendernos

El mito que lastra la palabra ‘detective’ viene de lo británico, en realidad y en la ficción. En los países que comparten el inglés el detective es un grado policial que antecede al de sargento, capitán, intendente, comisionado o cualquier otro que aplique cada cuerpo o país anglosajón donde el detectives español es el ‘investigador privado’ (private investigator).

Aquí, en España, somos diferentes, cómo no. El detective equivale al investigador privado y le pisa los talones la policía, que en países que hablan el idioma de Shakespeare, está llena de detectives, con o sin uniforme.

Es, por tanto, muy diferente un espía y un detective privado.

Las misiones son diferentes. Si viajamos al ‘detective’ ajeno puede investigar delitos, por ejemplo. Aquí ese mismo apelativo profesional es alguien que hace lo que puede para sus clientes, desamparado del poder, y cada vez más tiene menos hueco. El capital es su licencia, su vocación de servicio y ayudar a que la verdad no tenga únicos intérpretes. Son gajes del oficio.


|
|

domingo, 19 de enero de 2014

El detective privado y la investigación de casos de corrupción

Hasta las agencias de los detectives privados llegan muchos afectados y agraviados por prácticas corruptas

Una de las mayores y legítimas preocupaciones de los españoles es la corrupción. Hace años se difuminaba, popularmente, el término con nepotismo, favoritismo, tráfico de influencias, amiguismo y un etcétera de buenas palabras que escondían uno de los cánceres que nos asolan.

Image courtesy of hin255 / FreeDigitalPhotos.net
Los eufemismos no valen para afrontar una grave situación social de la que se beneficia una minoría en detrimento de una inmensa mayoría. En la calle oímos que ‘si quieres conocer a fulanito dale un carguito’. Esa realidad colmataba el ego de algún mediocre que, tras un despacho o disfrazado con uniforme, mandaba o modificaba su conducta sin aceptar críticas, opiniones ajenas o simplemente sensateces que molestan al sentido común.

Esa verdad que transformaba a cualquiera alcanza al poder del cargo, la firma o validar pagos, pedidos que la influencia del personaje podrían permitir. La corrupción del siglo XXI cambió de piel. No se practica individualmente. Las tramas colocan peones en organismos que sirven intereses determinados, de la mano o no de lobbys, partidos, sindicatos o leales sólo mientras haya treta donde chupar.

Escribimos estos porque hasta las agencias de los detectives privados llegan muchos afectados y agraviados por prácticas corruptas.

Son personas serias, trabajadoras y honestas hasta donde pueden demostrar a quienes perjudican anormalidades que van de la mano del corrupto.


Empresarios, profesionales, empleados públicos, PYMES y autónomos con víctimas de la lacra corrupta.
Pierden contratos, facturación, no ganan concursos, se arruinan o sencillamente no compiten con las mismas armas que sus colegas de sector. La corrupción tiene escalas, etapas y su denuncia casi siempre alcanza a terminales que acaban como cabezas de turco.

El detective privado en casos donde merodea algún corrupto o corruptor no lo tiene difícil. 

Su experiencia y olfato eliminan prólogos que confunden objetivos y esencias investigadoras. Los funcionarios ‘incompatibles’ por ejemplo suelen actuar impunes hasta que desvela algún investigador privado que su pareja, familiar, hijos o testaferros detentan negocios derivados del poder del empleado público. La torpeza de poner al frente de empresas a amas de casa sin cualificación, ni oficinas, ni experiencia es clave para pactar con corruptas salidas honrosas, si de ello se puede hablar. El mundo de los negocios exige delicadeza en algunos asuntos.

Los corruptos, no obstante, suelen exhibir patrimonio sin recato que no proviene de la nómina. Fincas, segundas residencias, autos de alta gama, costumbres caras (esquiar, viajes de lujo, caza mayor, golf, etc..). Esas pistas son la introducción para que los detectives privados naveguen por el alma y la piel del corrupto.

Otras prácticas que acreditan la utilidad del investigador privado para desenmascarar corruptos es contactar con subordinados hostiles para obtener datos del modus operandi, o bien de antiguos compañeros del personaje que hace del abuso un negocio muy particular.

Los corruptos, decíamos, no trabajan solos. Tienen cómplices, fieles y una justicia lenta que casi les garantiza impunidad. 

Vemos cómo meten mano en bancos, antiguas cajas de ahorro, empresas, instituciones, partidos, sindicatos sólo una minoría del total de ladrones. Unos pocos pagan, siempre, lo platos rotos que se esparcen en una mesa por cuyos bajos se mueven con tiempo para salir indemnes.

Los problemas que causan los corruptos a la sociedad los sufren muchos más de los que pensamos. Por eso pagamos más impuestos, recortan servicios y presupuestos públicos, sobrevive el déficit y deudas privadas.

Un detective no es un profesional desacertado para poner a buen recaudo a quienes hacen daño a sabiendas. Por esa razón los investigadores privados son tan malos, molestos e incomodan al poderoso…..  

         


|
|

viernes, 17 de enero de 2014

Los detectives privados ante la competencia desleal

Falsos investigadores privados compiten con detectives privados y desprestigian la profesión

La crisis financiera, recortes presupuestarios, déficit público, carencia crediticia y otros factores hacen que muchos pugnen por el mismo mercado. Empresas, profesionales y autoridades sufren con impotencia la deriva que asola la bajada de la oferta en precios y sueldos mientras suben artículos básicos, suministros, impuestos…

Las conductas en el mercado libre se permiten hasta que se detentan posiciones de dominio o se actúa como monopolio. Es difícil determinar hasta dónde llega una cosa u otra. Las grandes empresas compiten a la postre pactando bajo la mesa acuerdos inconfesables. El pastel se trocea ante pequeños medianos y empleados atónitos.

Más debajo de cualquier sector productivo están PYMES, autónomos y profesionales que sufren intrusismo, competidores que no pagan impuestos, alquileres o propiedades o no cotizan por empleados. Esa guerra es más cruda por cercana.

Image courtesy of Stuart Miles / FreeDigitalPhotos.net
Quienes compiten bajando precios, hurtando calidades o mínimos o sin estar capacitados hacen más daño del que parece. Esa carga de profundidad hunde a la mayoría que se mueve bajo cánones de legalidad y limpieza en la libre competencia.

Los detectives privados sufren, desde la noche de los tiempos, la competencia desleal en sus propias carnes. 

Quienes tienen agencia instalada pierden clientes a favor de colegas que lo que deberían gastar en alquileres o compra de local lo gastan en publicidad.

Esos ‘detectives virtuales’ son fantasmas que ululan por Internet y sus únicas armas son el móvil y un correo electrónico.

Únicamente cobran el adelanto y se esfuman haciendo daño al resto de colegas que están al día con el fisco y tienen despacho donde garantizar la seguridad jurídica a su clientela, autoridades y proveedores.

Más allá de la lupa detectivesca encontramos con empresas que despiden o tramitan bajas voluntarias de empleados que usan datos reservados que conocieron mientras trabajaban en beneficio propio. Bajan precios a los mismos clientes que atendieron meses atrás mientras cobran subsidios por desempleo, subvenciones que fomentan lo contrario o créditos que avalan con la actividad ilegítima que les consolida al lado del dinero fácil.

El detective privado resulta especialmente funcional cuando alguien, persona física o jurídica,  sufre competencia desleal

A nivel laboral en sectores como construcción, automoción, servicios, marketing, asesorías hay mucho ‘listo’ o ‘lista’ que aprovecha la atalaya de su nómina, despacho o cargo para transferirlo a competidores, familiares o montar negocio en paralelo que perjudica su propio trabajo. Ser descubierto por el detective privado trae consecuencia: despido y posible demanda que repare los perjuicios causados.

‘Empresarios’ que mal pagan a sus trabajadores, difícilmente liquidan impuestos ofertan a la baja precios inasumibles o de pérdida para el resto de competidores. Entonces el detective si acredita tal práctica crea un problema legal de difícil defensa a los espabilados de turno. Los que hacen de esas trampas negocios suelen caracterizarse por la eventual impunidad con que se mueven. La fidelidad entre sus colaboradores se relativiza con que después aplican la misma medicina que aprendieron.

Los competidores desleales acaban luchando con antiguos empleados que hacen lo mismo. Aprendieron en una guarida que acaba como cantera. Los casos más habituales para el detective en casos de esta especie se dan entre quienes se conocen bien. Haber formado, aprendido y atesorado secretos y lo que os anglosajones llaman el know-how es un orgullo y un peligro cuando nuevos horizontes avizoran futuros no lejos de lo que venían haciendo algunos profesionales y ejecutivos empresariales.

Nunca debe estar lejos el detective privado de estos personajes. Es una inversión que horra miles de euros y muchos dolores de cabeza a empresarios con sentido común.            


|
|

miércoles, 15 de enero de 2014

¿SON O NO ENFERMOS?

Los detectives privados investigan falsas enfermedades mentales

Los detectives que se precien de profesionalidad deben tener fino olfato para vislumbrar mentiras, fantasías o medias verdades en los relatos de sus clientes. En el mundo de la empresa, abogacía, ejecutivos y personas formadas se esconden individuos que contrataban investigadores privados arrastrados por enfermedades mentales.

No es papel del detective privado diagnosticar, evaluar ni tratar patologías de la cabeza. 

Image courtesy of Michal Marcol / FreeDigitalPhotos.net
Pero no está de más igualar o alcanzar la inteligencia con que ciertas personas esconden sus males mentales en encargos que parecen legítimos o se visten de esa normalidad que para el detective constituye buscar verdades.

La experiencia de los casos y los años hace que el ojo casi clínico del detective privado alerte de estas personas con las que mejor adoptar cautelas para evitar graves conflictos, denuncias o demandas judiciales.

Debe considerarse que al detective, y nunca nos cansaremos de repetirlo, se le adjudica un injusto plus de maldad como profesional siniestro reportado a los peores empeños.

Lo mismos trucos o prácticas que hace el detective lo hace un periodista, policía, escritor o fotógrafo y hablamos de un servicio a la sociedad digno de premio. 

El detective privado, sin embargo, merece ser analizado por la autoridad por si su operativa entraña delito.

Escribimos esto porque los celos enfermizos, paranoias, bipolaridad, personalidad límite o angustias vitales generan muchas visitas a agencias y encargos. El cliente-enfermo raramente desvela lo que no quiere que descubra el detective. Sólo le guía hacia sus particulares expectativas.

El conflicto surge cuando el detective no responde a las calenturas mentales de estos singulares clientes. Y la gravedad del entuerto está en el tono que adquieren las demandas del cliente. Las presiones de estos sujetos son inasumibles. Salir del entuerto parece tarea imposible.

Vayamos algunos ejemplos de la labor profesional de un investigador privado.

Un delegado territorial de una empresa sospechaba de un directivo de infidelidad laboral con la competencia.
El investigador privado realizó casi una decena de informes en los que el denominador común fue que las sospechas del cliente fueron tajantemente desmentidas. Un superior del delegado lo trasladó de destino, concretamente al extranjero, para evitar el despido. La historia se resumía en que aquel ejecutivo sabía de los males mentales diagnosticados de su exjefe.

Un agricultor empresario y potentado estaba convencido que jamás pudo emparejarse en su pueblo porque una bruja local le echó mal de ojo cuando era joven que le espantaron las mozas del lugar. El detective privado, ante tan insólita misión, descarte documentadamente de la fiebre del cliente. La respuesta del terrateniente fue furibunda. Tachó al detective privado de delincuente por no seguir su perversa justificación de soltería vitalicia.

Los celos enfermizos llevan a hombres y mujeres convencidos en la propiedad de sus parejas a despachos de detectives privados. Estos profesionales hacen lo que pueden para desmentir la mayoría de las veces sospechas que sólo se albergan en mentes disparatadas.

Últimamente hay que andarse con cuidado con algunos sujetos porque hasta exhiben a priori documentación psiquiátrica al detective. Con estas credenciales el mensaje subliminal es que si no hay resultados ‘a la carta’ esperan tormentas.

La moda de denunciar por presuntos ilícitos al detective por clientes y objetivos cala entre algunos jugadores y fiscales. Estas acciones legales ‘cuelan’ en juzgados porque parecen veraces. Se da el precepto de la coherencia. El plus de maldad hablado propicia que emperro muerda al humano, y no al revés. No es noticia lo contrario.

Deben saber los que esconden o visibilizan sus males mentales que los detectives privados no suelen tener pelos de tonto. Ni son imbéciles. Por cierto un grado psiquiátrico.

Nos preguntamos por último si estas personas son realmente enfermos. Su inteligencia les ha paseado por licenciaturas y doctorados universitarios, despachos importantes y consultas de especialistas. Pero difícilmente engañan al investigador privado. Su olfato huele a estos listos.          


|
|

lunes, 13 de enero de 2014

Renta antigua, detectives modernos

Los detectives privados llevan décadas investigando a personajes curtidos en la picaresca que genera la ‘renta antigua’.

Los investigadores privados ante los inquilinos y los arrendadores


Las principales capitales españolas alojan pisos y locales, de generosas dimensiones por lo general, en los que sus inquilinos pagan rentas irrisorias. Los arrendadores suelen ser herederos de los iniciales o inversores, constructores, inmobiliarias y sociedades patrimoniales que compraron esos inmuebles en la esperanza de actualizar las rentas.

Más veces que menos suelen pagar más entre gastos de comunidad, contribución, mantenimiento, reformas, impuestos que lo percibido por rentas. La denominada ‘renta antigua’ es una felicidad para unos y una pesadilla para otros.

Los detectives privados llevan décadas investigando a personajes curtidos en la picaresca que genera la ‘renta antigua’. La utilidad del investigador privado en estoas misiones es sustantiva. Es la clave informativa y documental de incontables pactos, indemnizaciones, desahucios, nulidades contractuales o pleitos en los que la pataleta, la extorsión o la codicia del arrendador son el guión principal.

Normalmente, el detective recibe encargos con parquedad de datos por parte del cliente, el arrendador. El inquilino con estas rentas también contrata al detective, especialmente cuando se alega necesidad de ocupación del piso por el casero. El detective aquí suele acreditar que el dueño del piso dispone de otros inmuebles que satisfacen igual o mejor tan teóricas necesidades. Estas demandas sólo intentan ‘hacer caja’ desalojando al inquilino barato para sustituirlo por otro más rentable.

Los casos más reveladores para el detective son inquilinos fallecidos, cesiones a terceros no consentidas, subrogaciones no autorizadas o desocupación del piso o local de ‘renta antigua’.


La ley exige que los inmuebles alquilados deben ser ocupados por un mínimo de seis meses al año, por los titulares del contrato y dedicarlos a fines residenciales o identificar el negocio a desarrollar en los locales.

A partir de ahí surgen incontable situaciones en las que el detective debe acreditar el lugar real de residencia del ‘inquilino’, caso de desocuparlo más de seis meses por año o previamente identificar a los ‘okupas’ -por denominarlos de alguna forma- del piso o local en cuestión.

En cuanto a los fallecidos es común negar esta realidad fácilmente comprobable. La picardía de algunos familiares ‘resucitan’ al muerto durante años. El detective en estos casos fotografía tumbas, obtiene certificados de defunción o inserta esquelas en sus informes que matan nuevamente al muerto que jamás resucitó.

Pisos desocupados son ya pocos casos. Hay escasas viviendas baratas en España. Los titulares de estos pisos suelen visitarlos muy de vez en cuando, dejan encendido el frigorífico siempre, algún temporizador de alumbrado, y se hacen patentes en el vecindario afanados en cómplices o testigos en caso de pleito. Las más de las veces los conflictos judiciales sobre pisos y locales de ‘renta antigua’ tienen el denominador común del dinero. El arrendador quiere finiquitar el contrato y el inquilino exige sumas que se inician con muchos ceros y terminan adelgazadas por lo general. Especialmente cuando un ‘incómodo’ detective privado estropea la fiesta con su informe y pruebas al arrendador o al inquilino.

Los casos más peregrinos incluyen denuncias penales y hasta delitos condenados. La ‘renta antigua’ atesora recuerdos y vivencias familiares, negocios históricos, codicias de especulador, deplorable relación entre arrendador e inquilino y hasta conflictos de otra naturaleza en los que hay herencias y divorcios que suman temperatura al tema.

El investigador privado en los casos de ‘renta antigua’ entra por la ventana con su verdad cuando se le cierra la puerta. Choca con imponentes muros, pactos de silencios, versiones falsas, vecinos airados y testigos dudosos de los que debe extraer sólo la médula más sustantiva. La labor de síntesis para depurar la verdad es ardua porque las ‘rentas antiguas’ entrañan intereses en varias direcciones.

El buen detective privado se curte con estos casos que parecen inocentes pero dan mucho juego investigador. Si alguna vez en un boque viejo, destartalado, con carencia de mantenimiento hay un tipo, o una chica discreta, haciendo preguntas o dramatizando algún papel podría ser un detective. No nadie que cometa fechorías. El resto del caso sólo lo sabe su cliente…..

Si te ha gustado este artículo no dude en enviarnos tus comentarios o compártelo en tus redes sociales.  
               


|
|