viernes, 10 de enero de 2014

Los detectives privados antes la investigación de plagios

Los detectives privados suelen ser contratados para desenmascarar a los piratas que roban, copian e imitan ideas, diseños, listados confidenciales…

Hay más de lo que se piensa a nivel popular.

La terrible, y vigente, frase de Unamuno ‘que inventen ellos’ clavando el poco ingenio hispánico debe centrarse, en el siglo XXI, sobre usurpadores de la creatividad industrial e intelectual. Nuestro globalizado mundo concentra las patentes en Japón, Europa, Estados Unidos y Canadá.

España importa tecnología, provinente de estos países, en casi un 92% según acreditan varios estudios. No se oculta el desmantelamiento de nuestra I+D e I+D+i., investigación científica y el éxodo de nuestros expertos hacia países que les garantizan fondos, sueldos y equipos válidos.

A pesar de todo lo escrito los españoles están cotizados en el gremio de inventores aunque, desgraciadamente, se desarrollen y comercialicen fuera de nuestras fronteras. Más debajo de patentes y marcas hay creadores de obras, ideas, historias, fórmulas o secretos empresariales que sufren una plaga con quienes le plagian. Son legión los usurpadores y poco se comprende el daño que hacen a nuestra economía, fisco, empleo, etc….

Los investigadores privados investigan a estos piratas 

Los logos, por ejemplo, que se asocian a marcas con fuerte inversión publicitaria, conocimiento en el mercado y vigencia popular son el destino de los usurpadores. Equipos deportivos y marcas de gran consumo son quienes sufren los zarpazos de este fraude que acometen insolventes finalmente impunes.

Comités antipiratería se organizaron por colectivos defensores de la propiedad intelectual en cds, programas y soportes informáticos, películas y libros que casi siempre usan a los detectives para acreditar el recorrido más causa-efecto de los plagiadores.

La cuestionada SGAE usó ‘métodos’ llamémosle heterodoxos y llegó a impulsar un tributo (cánon) cuyos beneficios y prácticas beneficiaron a anteriores directivas ahora investigada sen juzgados. El daño de aquellos codiciosos nubló el legítimo derecho a los autores hartos que les pirateen. El denominado ‘cánon digital’ fuera declarado fuera de ley al criminalizar al usuario ajeno a prácticas ilícitas. Valga un ejemplo: comprar un auto no entraña que lo use su conductor para causar accidente o cometer delitos, un riesgo meramente potencial.

El investigador privado localiza el origen del fraude


Los detectives privados, especialmente los expertos en materia de propiedad intelectual e industrial, localizan fácilmente los orígenes del fraude y lo documentan. El punto finalista es la primera referencia del buen investigador.

ADAS (www.adaspain.com) es una agencia de detectives curtida en documentar fraudes en estas prácticas.

Ha localizado fabricantes de bebidas cuyas etiquetas y marcas han sido alteradas por usurpadores dentro y fuera de España. Ha localizado en incontables mercadillos, naves de polígonos remotos, parcelas y fincas residenciales a violadores de marcas registradas. En universidad que desarrollaban teóricamente patentes ha destapado tramas de docentes, becarios y doctorandos que intentaban ‘puentear’ ventas al propietario de la invención.

Los plagiadores no ven negocio cuando les pillan. Pero se piensan hacerlo cuando se les incauta el material usurpado. Esa mercancía al paralizarse en sus canales de venta representa una adversidad para unas prácticas que causan más daño, repetimos, del que puedan imaginar los desconocedores de esta problemática.

Otra cuestión es lo que escribíamos sobre SGAE. Al fraude no se le puede combatir con más fraude. Ese es el guión del ‘agente provocador’ del que se valen a veces algunos investigadores poco ortodoxos y los prestos a exagerar éxitos policiales en ruedas de prensa con mesas repletas de plagios que se quedan en nada en juzgados.

La utilidad del detective privado que centran estas líneas debe mesurarse con las pruebas que obtenga el investigador privado.

La licencia no es patente de corso ni oficialidad a priori. 

En caso de litigio lo que vale es la decisión judicial. La realidad del buen detective visualiza pactos entre propietario de patente o marca y quien le piratea. Es más barato y ágil. También se marcan sendas en la que el olfato del detective prima la creatividad sobre el defraudador.

Los inventores tienen ganada la batalla. Sólo a priori.    
     
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miércoles, 8 de enero de 2014

El detective privado ante la investigación de deslealtades

Al detective privado le encargan resolver dudas sobre la fidelidad en el contexto de la pareja, la empresa o la lealtad en el ámbito familiar.

El imprescindible filósofo José Ortega y Gasset escribió hace casi un siglo que ‘la distancia más corta entre dos corazones es la lealtad’.

La frase es vigente en el siglo XXI. Otros expertos añaden que la lealtad es cuestión orgánica y la fidelidad compete a la razón. Lo último, el género humano lo hace relativo porque la infidelidad es una sinrazón. Nadie sabe explicarla.

Vayamos al grano. Al detective privado acude un sinfín de personas desoladas por la traición o su grave sospecha. Es parcialmente cierto el tópico que al investigador privado le encargan resolver dudas sobre la fidelidad en el contexto de la pareja, la empresa o la lealtad en el ámbito familiar.

El cliente exige pruebas de la deslealtad al investigador privado

Los más expeditivos quieren pruebas expresas que jamás se podrán obtener. Nos referimos a las imposibles pruebas de alcoba, ternura de vía pública o desenfrenos libidinosos.

El investigador privado que acepta estos casos tiene dos graves problemas de obtener las evidencias requeridas.

  • De un lado, si fracasa se le tacha de mal profesional porque no supo seguir el hilo de la sospecha.
  • De obtener alguna prueba del infiel se crea un problema pues las reacciones ante lo tangible son inesperadas. 


Lo explicamos situándonos en otros escenarios. 

Cuando sabemos que anciano querido fallecerá, el momento del óbito es terrible pues jamás imaginamos que la frialdad del cuerpo contagia los peores sentimientos.

En terrenos de infidelidad la sospecha se achica cuando el detective privado consuma o plasma esa incógnita. Hay veces que se maldice al mensajero.


Otras ocasiones el mensajero suele atemperar la rabia e ira del cliente cuando tiene ante sus ojos la prueba de quien parecía ser su pareja perfecta se lo hace con otras persona. La ‘doble vida’ atormenta al más insensible. Desvelarla e ilustrarla es devastador para quienes van por la vida guiados de la buena fe infantil. No hay peor pesadilla que confiar en alguien que sabes te engaña.

Sobre la infidelidad hay categorías, escala de perdones y géneros.

Los hombres actúan diferente que las mujeres cuando les descubren sus ratos de infidelidad. El varón, ante la evidencia, asume lo más crudo. Inicialmente echa balones fuera hasta mandando al psicoterapeuta a la pareja que sospecha. De existir algún mensajito comprometedor, por ejemplo, reduce su culpa a la anécdota de una sóla vez, una prima lejana o un compañero de colegio al que hace años no ve. Los cariños se modulan a errores de transcripción. El mosqueo de la otra contraparte no cesa, por lo general. Aumenta como la marea alta el volumen de la traición.

Las mujeres suelen ser más guerreras defendiéndose de acusaciones de infidelidad.

Las niegan con vehemencia. No dudan de la salud mental de su pareja como los hombres, pero aprovechan para poner puntos sobre íes sin venir a cuento, o piden tiempo a solas para encontrarse a sí mismas de tener ocasión.

Si las pruebas de su engaño son evidentes reaccionan como fieras. 

Acusan a quien esgrime esa adversidad de todo el Código Penal. Además, le lanzan el cabo de la falta de confianza. Si, encima, hay un detective instrumental de la prueba, de inmediato es el mensajero de un mal bíblico. Añaden no esperarse tamaña ingratitud de alguien que invoca su perfil intachable.

Raramente admiten a las claras que metieron la pata y traicionaron sentimientos ajenos. Las mujeres ante la infidelidad, acorde a la experiencia de cualquier detective, son más inteligentes y vehementes. Para ellas una aventura forma parte del cuento del príncipe azul. Para ellos es una vocación o parte del machismo caduco especialmente cuando acecha la andropausia. La infidelidad cuando es pillada causa estragos en la pareja. No debemos obviar esta realidad. Son devastadoras las consecuencias.

Al final de alguna aventura amorosa ajena a la pareja el balance muy pocas veces es positivo. Lo escribe un veterano detective privado.


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lunes, 6 de enero de 2014

Delitos de cuello blanco.... el fraude fiscal

El detective privado suele localizar vínculos entre corruptos, mendaces, estafadores, falseadores o perjuros que los delatan

El investigador privado ante los delitos de cuello blanco

La crisis financiera, carencia de crédito, empobrecimiento, alza tributaria y de precios comenzó cuando se reiteraba la palabra ‘globalización’ bajo el dogma del ‘pensamiento único’. Sendos conceptos han logrado que trabajemos más por menos dinero, una minoría más abultada sea más rica, desaparezca la clase de media y sean millonarios los pobres de nada.

Esta evidente alarma social va unida al incremento delictivo que se ceba en propiedades, personas y empresas. Las autoridades niegan la mayor cual charlatanes. Los políticos repiten una increíble recuperación postcrisis en una sociedad, la española, que casi al 30% de su población roza la exclusión social y sustenta un aproximado 50% de desempleo juvenil.

Los delitos con violencia y sangre son portada en medios y causan mayor preocupación del ciudadano. Otros no son menos devastadores. Si nos referimos a lo que los anglosajones denominan ‘white collar crimes’ (delitos de cuello blanco) acusan mayores daños al ciudadano en su microeconomía por despidos masivos, bancarrotas, cierres patronales,  morosidad. Digamos que éstos ilícitos escandalizan menos que, por ejemplo, la violencia de género, agresiones sexuales, homicidios o robos.

El fraude fiscal, y seguimos con los ejemplos, alcanza a un 78% entre potentados, multinacionales, rentistas e inversionistas. El 18% restante alcanza al 95% de la población. Hablamos de contribuyentes que no les llega para invertir en SICAV que tributan al 1% y carecen de retenciones, o transferir fondos a paraísos fiscales desde infiernos tributarios.

El olfato del fisco, sin embargo sólo husmea a esa mayoría minoritaria que defrauda por sistema, etapas, bajo dosis, o por pura insolidaridad. Tal injusticia la fuerza una voracidad tributaria que escandaliza a quienes más que otros a sabiendas que los últimos pagarán poco o nada.

El detective privado, desde su atalaya profesional, suele documentar prácticas corruptas. Ahora se airean más porque se acabaron las vacas gordas presupuestarias, despilfarro generalizado, sobre-inversiones o directamente mecanismos que llenan arcas de patronales, sindicatos, partidos y empresas virtuales que se crean para menesteres sospechados.

El investigador privado establece vínculos entre alguien que hace trampas para beneficiarse. No mata a nadie, ni roba con violencia pero causa daños importantes en la comunidad. Hasta hace poco gozaron de impunidad porque en secreto tenían admiradores. Los prejubilados al cabo cobran por no trabajar años, décadas o lustros antes que el común de trabajadores.

Los ‘pelotazos’ que generaron los corruptos en organismos enriquecieron a una minoría que no genera riqueza. Guarda el botín a recaudo.

El detective privado suele localizar vínculos entre corruptos, mendaces, estafadores, falseadores o perjuros que los delatan.

Aunque paradójicamente no pueden investigar delitos el ‘cuello blanco’ es guión en demasiados informes detectivescos.

Vayamos a los ejemplos

  • Padres que fingen insolvencia para impagar pensiones a hijos
  • Herederos ‘listos’ que ocultan bienes, los minimizan o cubren de gastos ficticios
  • Peritos ‘a la carta’ vendidos al mejor postor, testigos ‘pagados’ de memoria selectiva
  • Auditores que maquillan cualquier cadáver, abogados que demandan o denuncian para confundir, dilatar o desviar el foco.
La estafa es difícil de condenar para los jueces pero prácticas que la rozan son demoledoras pues arruinan familias, patrimonios y negocios. Han prosperado con la crisis. Las mejores se quedan impunes.

La corrupción se caracteriza también por su impunidad pues nadie devuelve lo apropiado. Si imputan a unos pocos salen de rositas una inmensa mayoría. Las ‘cabezas de turco’, si no hay, se inventan.

Muchos informes del detective privado de turno engrosan sumarios judiciales para iluminarlo en verdades que se intentan ocultar. Las autoridades hacen lo que pueden con el ‘cuello blanco’ pero cada vez que cambia el gobierno se cambian a los expertos en estos delitos de destino. Si la lupa oficial se dirige al partido del gobierno desde que era oposición cambian los estilos y se visten como ‘nuevos equipos’ lo que garantiza impunidades.

Por esa realidad el investigador privado tiene mucho que decir en la investigación del ‘cuello blanco’. Ya ha acreditado experiencia y competencia en tales misiones operativas. Y es creìble porque solo se debe a su cliente y la verdad que le impone. No a la nómina funcionarial que le limita o el ganapán que le compre. Así son las cosas, guste o no guste.
               
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sábado, 4 de enero de 2014

CONSULTAS GRATIS. AYUDA VALIOSA

Los detectives privados españoles reciben, por lo general, llamadas de personas, empresas y abogados que están en un aprieto.

Otras veces no saben cómo resolver un problema para el que no encuentran alternativas razonables.

Los temas privados y familiares son los que más generan correos, charlas telefónicas o entrevistas personales en la agencia. Las empresas se comportan de forma más pragmática y van al grano en cuanto al tema que pretenden resolver o les afecta.

En cuanto a los abogados ven al detective privado como un instrumento de la estrategia que protege a su cliente.

Unos y otros acuden al investigador privado porque les persigue alguna incógnita que urge despejar. Hace décadas encontrábamos detectives que vivían de las consultas. Cobraban a precio de platino por su tiempo y por exhibir su cara al interlocutor de turno. Jugando con su fama o credibilidad y ayudado por la palabrería que siempre acompaña a la fechoría inocentona.

Se creían, aquellos detectives rancios, consultores de grandes enigmas. Al cabo ni siquiera osaban resolver nada. No pasaban de repetir fórmulas manidas o presumir de contactos de élite aquí y allá.

Esos detectives, además de cobrar por las consultas en la agencia o sobre facturados desplazamientos, tenían una segunda modalidad de cobro en la provisión de fondos tentativa. Se pedía una cifra modesta por comprobar tal o cual cosa. Pasados unos días el ya cliente comprobaba que había pagado por una consulta estéril y dinero por nada.

El firmante, allá a primeros de los ochenta, recibió toda clase de improperios e insultos de sus colegas por ofertar las consultas gratis.


La vocación de servicio de detective no puede ser asociada al cobro a priori por la petición de un mero presupuesto.

Las entendederas de la ‘vieja escuela’ se suavizó hasta la paradoja que ahora son mayoría quienes ofertan sin cargo el contacto y consulta con el investigador privado. En esa mayoría se esconden quienes mas chillaban ante la increíble ‘competencia desleal’ de la que fue acusado el firmante por colegas que ahora esgrimen como argumento publicitario no cobrar por verle la cara u oir a posible cliente.

Quien acude al detective es porque precisa ayuda. No va al investigador privado porque esté aburrido o pretenda hacer perder el cotizado tiempo del profesional.

La consulta, las más de las veces, se queda en nada. Suele generar alivio el consejo del detective respetable o quien se muestre al posible cliente ecuánime.


Muchas mujeres, maltratadas, abandonadas por falsos insolventes que fueron sus parejas o maridos, llaman a la puerta o teléfono de detective privado por la supervivencia de sus hijos o su seguridad personal. A estas personas no se le pueden contar historias. Quieren soluciones tangibles. No charlatanes.

Empresarios que tienen problemas recaban del detective presupuestos y estrategias ante empleados absentistas o infieles, competidores desleales, clientes morosos o proveedores incumplidores. Los abogados suelen consultar de qué forma le puede ayudar el detective. Cuando hay confianza es el profesional de derecho quien plantea la solución para someterla a criterio de viabilidad.

La ayuda del detective privado comienza con el primer contacto. 

Es el timbre de una puerta que se abrirá de par en par a quien quiera dejarse ayudar. Esa ‘consulta gratis’ de la que escribimos es la embajada del oficio a quien lleva tópicos y lugares comunes del investigador privado. Hay una minoría de posibles clientes que no dice toda la verdad al detective en su primer contacto. Endosa a terceros, familiares o vecinos la necesidad de ayuda cuando el tema les alcanza en primera persona. Esa falsa verdad hace que todo comience mal. Si queremos de alguien la verdad debe principiarse por ella misma. Y al detective que honra su licencia no le cuesta nada está cerca de esa verdad, y ayuda sincera, que debe dar a quien le llama o visita.

Todo lo demás es, repetimos, palabrería.                            

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martes, 31 de diciembre de 2013

Buscar Bienes

Una de las mejores misiones de los detectives privados es satisfacer al cliente. Especialmente si se trata de rentabilizar lo que le paga al sabueso por su trabajo.

Cobrar lo que se adeuda es sólo posible, cuando el moroso obstaculiza, impide, esconde y retrasa deliberadamente el pago, por vía judicial o mediante pacto privado.

La morosidad es uno de los males contemporáneos que paraliza la economía. Afecta a la banca, empresas, divorciadas o madres sin ingresos, profesionales, comunidades de vecinos, trabajadores, proveedores, arrendadores, clientes…. Estos son algunos colectivos, por poner ejemplos, de tan demoledora situación.
No pagar a tiempo es un castillo de naipes lo que derrumba. Para paliar el problema es rentable invertir a priori en la solvencia del proveedor, cliente o socio.

Pero la utilidad del detective privado en tales menesteres es una historia que merece un aparte.

Buscar bienes es una de las tareas más apasionantes y enriquecedoras del buen investigador privado. Décadas atrás constituía una de las principales fuentes de ingresos. Normalmente, al detective se le contrataba para documentar bienes muebles e inmuebles sujetos a embargo. Hoy tales empeños son residuales porque sale gratis mediante la ejecución de sentencias judiciales.

La utilidad del detective ahora se ha redirigido hacia documentar la falsa insolvencia de los listos de turno, desvelar vínculos entre testaferros, personas interpuestas, hombres de paja o como se quieran llamar estos personajes que esconden bienes ajenos. Es delito vender antes de ser embargado cuando la deuda es firme o desviar bienes para no pagar obligaciones vencidas.

Los morosos del siglo XXI tienen varias modalidades. 

Los sobrevenidos es porque materialmente ni pueden pagar lo que deben. Se han quedado parados, se divorciaron y repartieron miserias y deudas, heredaron deudas en vez de bienes o la crisis les ha traído ruina.

Otros morosos lo son porque les gusta que les escriban, llamen, les persigan, demanden o les cuesta pagar lo que deben. Estos son clásicos en e argot. Les gusta dosificar sus bienes y activos a quienes les deben de todo.

Hay personajes más peligrosos y son los profesionales del impago. Intentan ser confundidos con los primeros, es decir, los que les vino mal la cosa. Estas son las historias que cuentan al menos.

Con tácticas dilatorias, las que de verdad retrasan demandas, excusas de toda clase alegando estancias hospitalarias, muerte de familiares, desgracias de variado tipo y origen viven en su cielo.

Cuando les acosa el acreedor cansado de palabrería, este moroso adopta el plan ‘b’. Cambia de domicilio, se muda hacia la deriva. Se esfuma entre familiares o parejas e íntimos solidarios.

La última fase del profesional moroso es aceptar ser pillado en su fechoría. Suele dar con su paradero y mentiras el detective más avezado. Pero el trato que propone es la quita de parte de la deuda o transformarse en insolvente. La paciencia del acreedor entonces se desmorona. Se entrega a la demanda judicial o la ejecutoria de sentencia.

El moroso, en suma, tiene plantilla millonaria en España. Lamentablemente mucha gente no puede pagar lo que debe. Los tipos de morosidad que describimos mayoritariamente son víctimas inocentes de la deuda más que actores de la mora.

Buscarle bienes al moroso es de los casos más divertidos para el detective detrás de profesionales en la materia. Los peores objetivos del sabueso son los morosos que viven al margen de la fiscalidad, ajenos a obligaciones tributarias y sociales y al día con efectivo que manejan en su bolsillo o debajo de la cama. A esos morosos no hay detective privado que les pille bien alguno. El mal lo llevan en su cotidiano. Por cierto, demasiado frecuente durante los últimos tiempos.

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miércoles, 18 de diciembre de 2013

El detective privado ante el absentismo laboral

El investigador privado es cada vez más demandado para investigar bajas laborales

Según estudios sectoriales casi un millón de españoles no acuden a su trabajo cada día. Calculando que la población activa supera los diecisiete millones de personas estamos ante casi un 4% de trabajadores, autónomos y funcionarios que no trabajan por diversas razones. Si añadimos que el desempleo en la edad laboral llega hasta el 30% de la población activa, el absentismo es un problema a considerar.

Según estadísticas son los mayores de 55 años, mujeres y trabajadores no cualificados son los más aficionados a no trabajar disfrutando de algún empleo. Cuando se aproximan edades próximas a la jubilación el absentismo crece hasta el 10%.

La iniciativa privada conviene en numerosos estudios que a partir del 5% el absentismo relativiza la rentabilidad. Paradójicamente, existen en España incontables organismos sustentados por el erario público cuyas tasas de absentismo supera el 15%. Ese dato nos recuerda dónde vivimos. Conviene recordar palabras de Unamuno: ¡Qué país, que paisaje, qué paisanaje!.

Consultas al detective privado de los empresarios, jamás de la admnistración pública.

Descendiendo hasta una modesta agencia de detectives contemplamos el fenómeno del absentismo como causa de numerosas consultas de empresarios y autónomos con plantilla. Jamás visitan a los detectives privados mandos funcionariales que intenten laminar el escaqueo laboral.

El caso que conduce a muchos consultantes hasta los detectives está cortado por el mismo patrón. Les preocupan empleados de baja que extienden sus dolencias hasta la exageración.

Esas ‘incapacidades laborales’, como oficialmente se conoce la baja, son demoledoras para las plantillas. Las ausencias de empleados obligan a contratar sustitutos, duplicar gastos y trastornos en el resto de sus compañeros. La insolidaridad de la baja raramente es analizada desde el punto de vista social. Se confunde, y esconde, la caradura con el derecho a cobrar mientras no se puede trabajar.

Los absentistas profesionales son personajes que fingen dolencias o dramatizan ante médicos y especialistas patologías que difícilmente se corroboran con pruebas diagnósticas. Suelen alegar dolencias musculares, neurológicas, funcionales o cefaleas que no se respaldan de estudios complementaros. Los males mentales son el cajón de sastre para los más espabilados en faltar al trabajo y vivir de la baja.

El detective privado ante un absentista lo suele tener fácil. 

Lo visualiza trabajando en algún negocio familiar, ayudando a obras domésticas o laborando en casa. El que cobre o no por la actividad incompatible que no conduzca a recuperar la salud laboral es la aduana para que el Informe del detective se invoque para el despido disciplinario y, al cabo, procedente.

Hay casos que las bajas son para actividades privadas, moralmente censurable pero que rozan solamente la legalidad. Hay casos que la baja es para preparar exámenes de promoción interna, trabajos en casa, cuidar enfermos o viajes privados. Muchos clientes de detectives han pagado facturas por estos informes y resultan decepcionados con resultados del que no tiene culpa del investigador privado.

Quienes usan la baja para trabajar en la competencia o se apropian de secretos empresariales para usarlos indebidamente son los peores personajes que contempla el detective.

La crisis que sola el empleo está minimizando el absentismo, pero incrementa las bajas reales por cuestiones mentales. Ansiedad, stress, angustia, depresión, acoso laboral son nuevos nombres que aparecen unidos a la baja en pocos años.


El detective que investiga bajas de trabajadores o directivos sabe que sus objetivos juegan con fuego por lo que no es, a veces, fácil el empeño de documentar la deslealtad laboral e insolidaridad de quien se da de baja en beneficio personal. No porque se recupere de alguna enfermedad o  accidente.          



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lunes, 16 de diciembre de 2013

TRUCOS DEL VETERANO

Los trucos del detective privado con experiencia

Cuando cualquiera sobrepasa décadas practicando un mismo oficio, no importa dónde, se dice que es veterano. 

Un escritor sevillano, Francisco Robles, acota que el concepto –local- de historia es lo que se repite dos tardes. Pero entre veteranías e historias surgen algunos ‘tips’ gratis que esperemos sean útiles para empresarios, particulares, abogados….

Sin más preámbulo, comencemos: Cuando alguien se presenta en un despacho, o coincide en cualquier lugar, con un relato ‘largo’ en el que pone énfasis parciales y no deja hablar al interlocutor, la verdad difícilmente asoma por el volcán de palabras que recibe el interlocutor.

La segunda versión es la más creíble

Si el receptor del mensaje quiere saber dónde está la verdad es mejor preguntarle descaradamente al final del relato a su contraparte: ¿Es verdad lo que me has contado?. Jugando con el factor sorpresa de la pregunta, si se repite resumidamente el relato de nuevo es donde más verdad hay. No en la primera versión. El resto se deja a gusto del receptor.

Las formas de comportarse del hombre y la mujer en las infidelidades

En cuanto a infidelidades hay paradojas. El hombre, cuando la practica, rejuvenece, se cuida más y despista –si es detallista- con regalos a la pareja que raramente recibió antes. Perseguido por citas antes infrecuentes, tardanzas desde el trabajo y viajes de difícil creencia este infiel de ser pillado lo acaba reconociendo, pide tiempo y una segunda oportunidad. Pillarlo no es difícil.

Las infidelidades en el hombre y la mujer


Las mujeres se comportan de otra forma. Jamás comparten con íntimos su otra relación, de hacerlo sería con personas seguras, mudas, ciegas y sordas del secreto. El rechazo sexual a su pareja o la frialdad es guión o justo lo contrario. Sentirse amada por dos personas al mismo tiempo multiplica el ego o acelera vanidades de final infeliz. Pillar en mentiras, ponerle cebos o advertir síntomas de infidelidad  no es difícil. Más lo es que una mujer admita a las claras que fue infiel a quien le quería y no se lo merecía. Lágrimas de cocodrilo, arrodillarse ante la verdad o prometer lo que no se va a cumplir no lo debe creer, si la mujer se enamoró de su infidelidad, ningún hombre sensato.

De otro lado, los adolescentes suelen esconder en su armario o cama los secretos que le conectan con la droga. No falla.

Hablando de empleados infieles o que abusan de la baja es fácil sospechar de tan impropias prácticas. Preguntar por ellos en competidores o a deshora en su casa suele ilustrar el paradero de estos listillos.
No es complejo pillar in fraganti fraude en siniestro falso que se intenta colar al seguro.

Las ‘llamadas cruzadas’ es una de las técnicas más utilizadas por los investigadores privados. Los partícipes del fraude suelen ser íntimos amigos, compadres o familiares. Preguntar a uno en casa del otro u otra concede fiabilidad a la sospecha. Los ‘testigos’ suelen estar en los mismos escenarios de complicidad.

Para descubrir paraderos que se ocultan es conveniente preguntar por el objetivo alegando que se le debe dinero y hasta se muestra algún fajo de billetes. Si se deja un teléfono y una tarjeta rápidamente aparece algún vecino solícito, si no apareció antes, intentado cobrar la deuda. Lo que no sabe el espabilado es que el investigador privado ya hizo su faena. Cumplió su misión. Si se usa el argumento contrario, es decir, se da a entender que se busca a un moroso todas las fuentes protegen. Hasta los enemigos.

Para cuantificar y documentar ingresos ocultos lo más llevadero es encargar algo extraordinario que finalmente se desecha. Por ejemplo, si se sospecha que alguien trabaja al margen de legalidades como fontanero se le plantea un encargo de varios pisos para que acceda al presupuesto por escrito o un pequeño encargo que acredita tan insolidaria actividad.

Estos trucos nunca fallan. El detective privado juega con la codicia ajena, o desvela al mentiroso que se cree más listo que sus semejantes.                  
 


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